Educar la mirada, la mà i el sentiment.


Quant mes sàpigues mirar fora
mes creixeràs per dins.
Mirar és la forma d'eixamplar
el nostre espai interior.
Eulalia Bosch

Joan Fernández Cursach

Irene Verdú Esparza

dissabte, 20 de setembre de 2014

Personatges amb fil d'aram

Ara que hem observat diferents obres de Joan Miró, que coneixem que utilitzava la imaginació per a fer  als animals, persones i altres objectes amb altra mirada i amb altra forma de fer, som nosaltres els que treballem amb fil d'aram negre per a fer els nostres propis personatges fantàstics.



















diumenge, 14 de setembre de 2014

Poemes Joan Miró

Què passa al quadre? Que veus que et fa dir això?




Una xica asseguda dins d'una pantalla perquè veig la seua cara al fons.
Un mapa  i una xica deformada davant està llegint-lo.
Una xica va a seure mentre llegeix una poesia escrita al quadre.
Una xica llegint al revés perquè està darrere.
Una persona sense rostre està llegint.
És una persona que es tira per un tobogan d'aigua.
Dos persones enfrontades, cada una mira a a un lloc.
Dos persones donant-se un bes.
Una ona gegant tapa a les persones.





Es un animal format per un os formiguer i un cavall que menja mel. La mel són les lletres que veiem.
Hi ha una cova que es veu en el primer plànol, el groc és el sol i el roig és la terra.
És un elefant que menja fum roig i paneroles (lletres).
És un robot que porta una màscara groga i du una samarreta roja.
Un tornado d'aigua que ha dissolt les lletres.
Un cavall que ha trencat les lletres al caminar.




Desprès de comentar veiem altres quadres de Miró on es veuen lletres i números 






Activitat plàstica:

Retallem lletres i números de revistes i diaris i les incloem a les nostres obres amb ceres blanes:



El volcà que tira lletres i nombres de lava


La papallona baix la lluna


La terra imaginària


El submarí


El rei Ull


Carinyo



L'arbre màgic xan xan


Amorosos



El forat negre i la xiqueta llegint tan tranquila Frankestein despert


El món dels ulls fantàstics


Un peix pintata envoltat de triangles


Tornado de colors de vent


Multicolors



dissabte, 6 de setembre de 2014

Telèfon tàctil

Per a començar el curs amb imaginació i per a superar les altes temperatures que estem patint a les classes hem baixat al pati per a fer aquesta activitat treta de "Espai Mirò de la pàgina Fundació Miró":


Aquesta activitat està inspirada en el joc del teléfon.
Es posem en línia de 4 o 5 persones una darrere de l'altra.
La persona situada al final de la fila fa un dibuix senzill en un paper sense que els companys el vegen.
A continuació fa el mateix dibuix en l'esquena del company que té al davant amb el dit.
L'operació es repeteix successivament i va passant d'una persona a l'altra fins arribar al principi de la fila.
L'última persona receptora trasllada al paper la informació que li ha arribat.
Contrastem el resultat final amb la idea original.

Ha segut divertit!

dimecres, 3 de setembre de 2014

Fábula de Joan Miró de Octavio Paz


El azul estaba inmovilizado entre el rojo y el negro.
El viento iba y venía por la página del llano,
encendía pequeñas fogatas, se revolcaba en la ceniza,
salía con la cara tiznada gritando por las esquinas,
el viento iba y venía abriendo y cerrando puertas y ventanas,
iba y venía por los crepusculares corredores del cráneo,
el viento con mala letra y las manos manchadas de tinta
escribía y borraba lo que había escrito sobre la pared del día.
El sol no era sino el presentimiento del color amarillo,
una insinuación de plumas, el grito futuro del gallo.
La nieve se había extraviado, el mar había perdido el habla,
era un rumor errante, unas vocales en busca de una palabra.
El azul estaba inmovilizado, nadie lo miraba, nadie lo oía:
el rojo era un ciego, el negro un sordomudo.
El viento iba y venía preguntando ¿por dónde anda Joan Miró?
Estaba ahí desde el principio pero el viento no lo veía:
inmovilizado entre el azul y el rojo, el negro y el amarillo,
Miró era una mirada transparente, una mirada de siete manos.
Siete manos en forma de orejas para oír a los siete colores,
siete manos en forma de pies para subir los siete escalones del arco iris,
siete manos en forma de raíces para estar en todas partes y a la vez en Barcelona.
Miró era una mirada de siete manos.
Con la primera mano golpeaba el tambor de la luna,
con la segunda sembraba pájaros en el jardín del viento,
con la tercera agitaba el cubilete de las constelaciones,
con la cuarta escribía la leyenda de los siglos de los caracoles,
con la quinta plantaba islas en el pecho del verde,
con la sexta hacía una mujer mezclando noche y agua, música y electricidad,
con la séptima borraba todo lo que había hecho y comenzaba de nuevo.
El rojo abrió los ojos, el negro dijo algo incomprensible y el azul se levantó.
Ninguno de los tres podía creer lo que veía:
¿eran ocho gavilanes o eran ocho paraguas?
Los ocho abrieron las alas, se echaron a volar y desaparecieron por un vidrio roto.
Miró empezó a quemar sus telas.
Ardían los leones y las arañas, las mujeres y las estrellas,
el cielo se pobló de triángulos, esferas, discos, hexaedros en llamas,
el fuego consumió enteramente a la granjera planetaria plantada en el centro del espacio,
del montón de cenizas brotaron mariposas, peces voladores, roncos fonógrafos,
pero entre los agujeros de los cuadros chamuscados
volvían el espacio azul y la raya de la golondrina, el follaje de nubes y el bastón florido:
era la primavera que insistía, insistía con ademanes verdes.
Ante tanta obstinación luminosa Miró se rascó la cabeza con su quinta mano,
murmurando para sí mismo: Trabajo como un jardinero.
¿Jardín de piedras o de barcas? ¿Jardín de poleas o de bailarinas?
El azul, el negro y el rojo corrían por los prados,
las estrellas andaban desnudas pero las friolentas colinas se habían metido debajo de las sábanas,
había volcanes portátiles y fuegos de artificio a domicilio.
Las dos señoritas que guardan la entrada a la puerta de las percepciones, Geometría y Perspectiva,
se habían ido a tomar el fresco del brazo de Miró, cantando Une étoile caressele sein d’une négresse.
El viento dio la vuelta a la página del llano, alzó la cara y dijo, ¿Pero dónde anda Joan Miró?
Estaba ahí desde el principio y el viento no lo veía:
Miró era una mirada transparente por donde entraban y salían atareados abecedarios.
No eran letras las que entraban y salían por los túneles del ojo:
eran cosas vivas que se juntaban y se dividían, se abrazaban y se mordían y se dispersaban,
corrían por toda la página en hileras animadas y multicolores, tenían cuernos y rabos,
unas estaban cubiertas de escamas, otras de plumas, otras andaban en cueros,
y las palabras que formaban eran palpables, audibles y comestibles  pero impronunciables:
no eran letras sino sensaciones, no eran sensaciones sino Transfiguraciones.
¿Y todo esto para qué? Para trazar una línea en la celda de un solitario,
para iluminar con un girasol la cabeza de luna del campesino,
para recibir a la noche que viene con personajes azules y pájaros de fiesta,
para saludar a la muerte con una salva de geranios,
para decirle buenos días al día que llega sin jamás preguntarle de dónde viene y adónde va,
para recordar que la cascada es una muchacha que baja las escaleras muerta de risa,
para ver al sol y a sus planetas meciéndose en el trapecio del horizonte,
para aprender a mirar y para que las cosas nos miren y entren y salgan por nuestras miradas,
abecedarios vivientes que echan raíces, suben, florecen, estallan, vuelan, se disipan, caen.
Las miradas son semillas, mirar es sembrar, Miró trabaja como un jardinero
y con sus siete manos traza incansable círculo y rabo, ¡oh! y ¡ah!
la gran exclamación con que todos los días comienza el mundo.

Octavio Paz

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